PrensaSichel INÉDITO

24/04/20210
https://www.sumamosxsichel.cl/contenido/uploads/2021/04/WhatsApp-Image-2021-04-23-at-2.57.09-PM.jpeg
El exministro de Piñera, hoy convertido en candidato presidencial, creció en una casa okupa sin agua, luz ni baño, con una madre bipolar que hizo lo que pudo para protegerlo. Conoció a su padre biológico después de los 30 años, intentó ser futbolista, fue democratacristiano y viró a la centroderecha. Esos son algunos de los episodios que profundiza en el libro Sebastián Sichel. Sin privilegios , escrito por el periodista Rodrigo Barría. Aquí, adelantamos un capítulo donde describe cómo se vivió el estallido social en La Moneda y apunta a la dupla Blumel-Briones por su abrupta salida del gabinete.

Sichel sabía y sentía que su llegada a La Moneda, y en especial su participación en el comité político, molestaba, y mucho, en el mundo partidista de la derecha. Resultaba evidente la indiferencia y mirada en menos por un personaje sin trayectoria formal. Curiosamente, buena parte de esa molestia y anticuerpos no provenía de la UDI, sino de RN y Evópoli.

Para Sichel resultaba extraño e incómodo trabajar en La Moneda. Primero, porque los periodistas están atentos a cualquier movimiento de los inquilinos. No hay forma de escabullirse. Él, eso sí, intentaba salir con frecuencia, y un lugar predilecto era la Fuente Italiana en el Paseo Bulnes. Allá solía ir ya tarde a juntarse con algunos amigos después de tener alguna reunión bilateral con el Presidente.

‘Trataba de salir harto, porque si te quedas en La Moneda mucho rato, te enajenas. Vivir, comer y respirar con políticos te hace perder el sentido de la realidad. Te mareas cuando todo es política. Están todos ansiosos, corriendo y viviendo en una especie de crisis permanente’, rememora de su paso por el palacio. (…)

‘La verdad es que mostrarse y comportarse de manera transparente resulta ser una cuestión poco natural en el poder. Lo vi en La Moneda, donde parece haber una ciudadanía allá abajo, mientras arriba hay una élite que pareciera haber sido criada para gobernar. Hubo muchas reuniones para hablar de pobreza en donde me sorprendía que asistían distintos consultores, pero donde no había ningún pobre para contar sus reales necesidades. Me pasó muchas veces que, en discusiones de diversos temas, había muchos expertos pero ningún ciudadano’, dice. (…)

En la mañana del 4 de junio de 2020 el Presidente llamó a Sichel. Inocente y desprevenido, el entonces ministro tomó una carpeta y cruzó hasta el despacho del Presidente. Iba preparado para hablar sobre un proyecto de infancia, pero el mandatario le avisó que hasta ahí llegaba su periplo como ministro.

‘Hay mucha presión por parte de los partidos de gobierno para formar parte del comité político’, le dijo a modo de explicación el Presidente.

Sichel agradeció, pero su sensación fue que estaba en medio de un baile de máscaras. Al salir, su molestia no estuvo con Piñera, sino con algunos ministros que nunca se animaron a plantearle, de manera clara y frontal, que existía una batalla soterrada por sacarlo de su puesto. Y, cuando se topó con el ministro del Interior de entonces, Gonzalo Blumel, no quiso que le diera explicaciones a la pasada, cruzaron miradas poco amigables y Sichel siguió molesto su marcha.

Al final, algunos personeros del comité político, liderados por los entonces ministros Gonzalo Blumel e Ignacio Briones, habían logrado consolidar la tesis de que conseguir un acuerdo político era más relevante que la celeridad de las ayudas y bonos. La apuesta era que un consenso político iba a ser capaz de frenar y poner paños fríos a las múltiples demandas que se hacían a La Moneda. La estrategia, se suponía, sería un efectivo dique a esa idea -improbable y hasta alocada por entonces- de un retiro del 10 por ciento de las AFP.

Pero Sichel insistía en apurar el tranco con las ayudas y no demorarlas ni supeditarlas a acuerdos partidarios. Fue así como se fue quedando cada vez más solo. Y peor aún, sin espalda política que fuera capaz de sostenerlo. Así se convirtió en una suerte de ‘díscolo’, y en el eslabón más débil del comité político. Su permanencia se hizo insostenible.

‘No estaba frustrado, pero tenía la sensación de no entender algo que los asesores del Presidente sí parecían tener clarísimo. Lo que no me gustó fue el hecho de que no se plantearan abiertamente y se discutieran esas posiciones de salvaguardar lo político versus el vínculo más cercano y estrecho con la ciudadanía. No hubo espacio para discutir esos dos caminos’, reflexiona Sichel. Hoy, el candidato está convencido de que la presión de los partidos políticos más la alianza Blumel-Briones fueron las que terminaron sellando la salida del único ministro independiente instalado en La Moneda. (…)

En esas primeras horas del estallido, dentro del Gobierno, y salvo unos pocos, estaban perdidos hasta el infinito con el tema de los venezolanos y el terrorismo internacional’.
Durante su paso por el Gobierno -con tres diferentes puestos en tres años-, Sichel reconoce que tuvo la misma sensación de escasa pertenencia que vivió cuando hacía la fila para matricularse en Derecho en la Universidad Católica. El viejo patrón de personajes cercanos, conocidos y en parentesco que observó en la Universidad Católica fue el que también vio en el Gobierno -especialmente como ministro instalado en La Moneda-, donde buena parte de los funcionarios de alto rango tenían historias comunes que en muchos casos habían comenzado en el colegio o que provenían de relaciones de parentesco.

Sichel lo recuerda: ‘Fue muy impactante volver a toparme con la misma sensación. Lo sentí muy fuerte cuando fui a jurar a La Moneda y de manera especial en el primer consejo de gabinete. Todos tenían una historia más o menos común. Yo era un personaje extraño en ese mundo’.

Cuando le preguntan por el momento más duro con el Presidente Piñera, no aparece en su memoria ni la salida de la Corfo, ni la del Ministerio de Desarrollo Social, ni la de BancoEstado. De hecho, rememora esas situaciones más con nostalgia que con enfado y asegura que cuando Piñera intentó explicarle los motivos de sus distintas salidas, el abogado solía adelantarse a las razones del primer mandatario: ‘Presidente, a usted lo eligieron los chilenos y no me debe ninguna explicación’.

Por el contrario, el momento verdaderamente tenso en la relación fue el 18 de octubre de 2019, durante las primeras horas del estallido. Sichel había sido testigo de una serie de declaraciones desafortunadas de altos funcionarios de gobierno. Por eso, cuando algunos periodistas le preguntaron por lo que estaba pasando en las calles, el ministro lanzó una declaración que indignó al Gobierno: ‘No podemos poner la carreta antes que los bueyes. El problema es la inequidad que tiene Chile’.

Piñera estaba furioso. Y lo llamó por teléfono:

-¡Usted no es el vocero y no tiene que hablar de esto! -le dijo.

Sichel sintió de inmediato el frío de la indiferencia palaciega. Instalado en su oficina en La Moneda, el ministro observaba cómo el lugar era un hervidero de funcionarios moviéndose de un lado para otro, ingresando a reuniones y contestando llamados, mientras que él veía todo a distancia como si estuviera mirando una película en la cual no era siquiera actor de reparto. Nadie le hablaba, nadie lo invitaba y nadie le preguntaba nada.

En su celular, mientras tanto, leía dos mundos diferentes en sus grupos de WhatsApp: el de los funcionarios de gobierno que definían como terrorismo y delincuencia todo lo que estaba pasando, y el grupo de amigos y compañeros del colegio que hablaban de indignación, abuso y desatino en las declaraciones previas que habían realizado algunos personeros de gobierno.

‘En esas primeras horas del estallido, dentro del Gobierno, y salvo unos pocos, estaban perdidos hasta el infinito con el tema de los venezolanos y el terrorismo internacional’, dice Sichel.

Al caer la tarde de ese 18, un Sichel ‘congelado’, frustrado y algo amurrado por el trato en Palacio, se juntó con su esposa y se fue a comer a la casa de uno de sus mejores amigos, a quien hacía poco le habían diagnosticado un cáncer terminal.

En medio de ese encuentro entre las dos familias, y al ver la manera en que escalaban los acontecimientos, Sichel decidió regresar a La Moneda. Pero en Palacio, la verdad, es que nadie lo tomaba en consideración. Fue cuando decidió hablar con su amigo y entonces ministro Chadwick: ‘Ya sé que no me están pescando por lo que dije, pero avísame si puedo ayudar en algo’.

Entonces, Chadwick se movió y le dieron una tarea concreta: coordinar e intentar garantizar el abastecimiento y distribución de alimentos en la ciudad. Trabajó bajo las directrices de Chadwick junto al exsubsecretario del Interior Sebastián Ubilla y al actual alcalde de Lo Barnechea Cristóbal Lira.

En esos días de extrema tensión, sin embargo, la más afectada por la situación fue su esposa Bárbara. No tanto por la seguridad de su marido ministro, sino por la capacidad que tendrían su esposo y el Gobierno de poder empatizar y dar respuesta rápida a las demandas sociales que se habían desbordado. La mujer, que estaba desconcertada por las declaraciones iniciales del Gobierno, veía con preocupación que La Moneda estaba profundizando su desconexión ciudadana al focalizarse en los hechos de violencia. Y, justo al medio de ese complejo escenario, había quedado expuesto su marido.

Para adquirir el libro haz clic aquí

El cuadro, por cierto, se completaba con barricadas que por varios días se veían en calle Fleming, justo por donde debía pasar Sichel en sus regresos de madrugada al hogar. Por suerte para él, Dago -el dueño de la mediagua donde vivió en su juventud- junto a uno de sus hijos salían y pedían a los manifestantes que dejaran pasar al entonces ministro.

Un par de días después del inicio del estallido, el ministro Sichel decidió ir al cumpleaños de su amigo el ‘chico’ Briceño, que vive en el límite entre La Florida y Puente Alto. Contra todas las severas y estrictas instrucciones de seguridad que existían en esos días para los ministros, lo hizo solo, sin escolta y en su auto particular. En el trayecto dio varias vueltas y se topó con una ciudad llena de manifestantes en las calles, casi todos en protesta pacífica. Fue cuando terminó de convencerse de que el tema estaba lejos de ser una disputa de izquierda y derecha, sino un asunto de fondo donde el gran componente era la indignación y el cansancio.

Fue esa mirada la que volvió a plantear en Palacio en las siguientes reuniones de comité político. Solo a partir de entonces comenzó a ‘descongelarse’ y pudo asumir mayor protagonismo en las vocerías de gobierno. Sin embargo, cuando se concretó el cambio de gabinete a fines de octubre de 2019 y se confirmó la salida de Andrés Chadwick y el reemplazo de Cecilia Pérez, los dos grandes aliados y cercanos de Sichel en el Gobierno, el hombre sintió que quedaba en orfandad política.

Estaba en esa situación de ‘abandono’ cuando, con la llegada de la pandemia, su figura comenzó a hacerse cada vez más conocida por la gente. Y, echando mano nuevamente a su manía por la masividad y el tono simple, comenzó a transformarse en protagonista de matinales y otros programas de televisión para explicar en lenguaje sencillo los bonos de ayuda del Gobierno.

Fue el momento en que el entonces ministro desenfundó una de las ‘armas’ políticas más poderosas y paradójicamente sencillas que ha utilizado para acercarse a las masas desde el poder: una pizarra móvil y un par de plumones. Fue ese lenguaje sencillo y pedagógico el que comenzó a ubicar a Sichel como un personaje que le hablaba más a las grandes masas que al mundo político o la élite.

Una encuesta de fines de mayo de 2020 ya daba cuenta de este avance entre la ciudadanía, al haber sido el político que, en apenas un mes, había logrado el mayor aumento de conocimiento entre la opinión pública.

El libro Sebastián Sichel. Sin privilegios (Ediciones El Mercurio) estará a la venta en librerías y en el Club de Lectores con despacho a domicilio desde la próxima semana, y en formato e-book a partir de mayo. No es la única publicación de políticos que ha lanzado la editorial. En su catálogo también están Todos somos discapacitados , de Francisco Undurraga; El compromiso , de José Antonio Viera-Gallo; Una mirada de Chile , de Sergio Romero; La fuerza del destino , de Arturo Alessandri Besa.

Publicado en El Mercurio, 24/04/21.

sumamos

Dejar un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

https://www.sumamosxsichel.cl/contenido/uploads/2021/05/SICHEL-PRESIDENTE1-1280x720.png
Facebook Instagram Twitter Tiktok Youtube Linkedin
VOLUNTARIO DIGITAL